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El PROFIET apoyó la desregulación de cultivos con tecnología HB4 tolerantes a la sequía y la salinidad


El Programa de Fomento de la Inversión Emprendedora en Tecnología (PROFIET), dependiente del Ministerio de Ciencia, Tecnología e Innovación Productiva, adjudicó una suma de $29.678.250 en crédito fiscal, al proyecto propuesto por la empresa Bioceres S.A. de desregulación de cultivos con tecnología HB4 –tolerantes a la sequía y la salinidad– en países del Mercosur y Estados Unidos.

 

La iniciativa comprendió la incorporación de la tecnología HB4 en distintas variedades de trigo, adaptadas a las zonas productivas de Argentina, Uruguay, Paraguay y Brasil. Para el cultivo de soja se desarrollaron variedades adaptadas a zonas productivas de Argentina, Brasil y Estados Unidos. A su vez, se buscó la aprobación comercial del evento soja HB4 en India y China para fines de producción y consumo y en la Unión Europea y Japón, solo para fines de consumo.

 

En comparación con otras tecnologías similares, la Tecnología HB4 es la más prometedora de las reportadas y patentadas a la fecha, ya que actúa en la regulación de expresión de un conjunto de genes, en lugar de expresar una proteína única. Esta tecnología permite que las plantas transgénicas evaluadas brinden un mayor rinde en condiciones extremas, como así también en condiciones favorables, lo que en la jerga se expresa como tecnología “sin penalidad” ya que no disminuye el rinde de los cultivos.

 

En este marco, en febrero de 2012 se conformó la empresa estadounidense Verdeca LLC, nacida de la asociación entre Bioceres Inc. (una sociedad 100 % propiedad de Bioceres S.A. Argentina) y Arcadia Biosciences Inc. En el caso del trigo, en el año 2013, la empresa se asoció con el grupo francés Florimond Desprez y constituyó Trigall Genetics, emprendimiento a través de la cual Bioceres aportara la tecnología HB4, mientras que la francesa aportará la genética.

 

El proyecto demandó una inversión total de $119.020.000, distribuida en un período de 4 años (2012-2015).

 

En este contexto, en el año 2015, la Comisión Nacional Asesora de Biotecnología Agropecuaria (CONABIA) y el Servicio Nacional de Sanidad y Calidad Agroalimentaria (SENASA), brindaron su aprobación final del evento biotecnológico soja resistente a la sequía. Según la legislación vigente, las especies transformadas genéticamente deben ser aprobadas tanto por la CONABIA, organismo que certifica que las modificaciones genéticas introducidas no impactan negativamente en el ambiente, como por el SENASA, que avala que los cultivos no ponen en riesgo la salud humana o animal y que poseen las mismas características nutricionales que la especie sin modificar.

 

La investigación sobre la modificación genética de la soja fue llevada a cabo por un grupo de investigadores, liderado por la Dra. Raquel Chan, en el Instituto de Agrobiotecnología del Litoral, dependiente del CONICET y la Universidad Nacional del Litoral (UNL), de la provincia de Santa Fe. El equipo trabajó a partir del aislamiento y la caracterización de un gen de girasol (HAHB-4) relacionado a la respuesta natural de la planta ante factores climáticos y condiciones de suelo. A través de la inserción de ese gen en la soja, se logró aumentar las capacidades de la planta para tolerar condiciones de estrés como la sequía y la salinidad de los suelos. Cabe destacar que a raíz de esta modificación se puede dar un aumento de los rindes de entre el 10% y el 100% dependiendo del tipo de cultivo, la calidad del mismo y el lugar donde se produzca así como también de los factores climáticos.